La vacuna rusa es un satélite a la deriva… y el retorno a la política

Política 27/12/2020 Por Primera Info
COMENTARIO POLITICO DE LOS DOMINGOS. POR ROBERTO PEÑAYOS. Ya de por sí, el nombre “Sputnik” nos reenvía a aquel programa espacial soviético. Cristina fue el contacto, pero la vacuna la probarán los argentinos que no pueden salir del temblor. Todo sobre la política local y José Eseverri, entre el poder y la cerveza.

Los rusos le colocan el nombre de Sputnik a todo lo que crean, sean satélites o vacunas. No importa. Quienes recuerdan el plan espacial ruso se debe acordar de este nombre que ahora los rusos lo utilizan para una vacuna con la “V” como aditamento que significa “victoria”, supuestamente contra el coronavirus.

Y la han mandado a probar a la Argentina, como si aquí no se tuvieran otras cosas para probar. Total, los argentinos aguantan cualquier cosa. Se bancaron golpes militares, políticos extremadamente corruptos, un radical que exhibía el viagra en el cajón de su escritorio presidencial, una mujer de presidente que no conocía siquiera dónde quedaba la Casa Rosada y otra que mataba su aburrimiento dando una cadena nacional por semana.

Ahora el Presidente, por no querer firmarle a Pfizer, nos encaja una vacuna que es una lotería y no se sabe aún cuáles serán sus efectos y sus contraindicaciones.

Para Alberto Fernández vale más su orgullo que el bien común. El desprendimiento y el compromiso del Presidente son increíbles. Si hubiese gobernado en 1806 y 1807, se habría entregado sin disparar un solo tiro tal como se rindió el represor Astiz cuando le destinaron la defensa de las islas Georgias del Sur durante la guerra de Malvinas.

Los argentinos banalizan todo. Califican a Maradona de héroe sólo porque le metió un gol a los ingleses y no se alarman ante un presidente que los condena a probar una vacuna rusa de incierto resultado, sólo porque se negó a sacrificar su orgullo firmando la orden de compra a Pfizer. Pero agacha la cabeza ante los retos públicos de la Vice.

Para Alberto, entonces, vale más su ego que la salud de los argentinos. Lo hubiesen dejado a Lázaro Báez y él sí hubiese firmado y, además, les habría pagado con dinero físico, diría Leo Fariña.

Cristina se lleva de maravillas con el presidente ruso. Es de su perfil y hay cosas que los comulgan a los dos y al venezolano Maduro. Si Maradona viviera, participaría fácilmente de ese tándem de poder, no sólo por ideología sino por sus negocios petroleros con el dictador venezolano.

El Diez ya no está y se libró de tener que rendir esa prueba de amor ideológico y de inyectarse este “satélite” ruso que nos llevará a girar alrededor de mundos exóticos. “Cristina y Maduro son del palo”, habría dicho el ex agente de la KGB devenido en presidente, Vladimir Putin. “Es una camarada que aprendió el comunismo soviético escuchando Radio Moscú y se compró todos los relatos”, agregó muy convencido de la eficacia de su aparato comunicacional. “Marche otro millón de Sputnik V que aparecieron compradores”, ordenó luego.

Cambios en lo local

En la política vernácula está todo revuelto. Fundamentalmente en el peronismo en donde César Valicenti no sabe cómo atajar las fugas de militantes.

El techo del Frente de Todos se llueve y no hay manera de tapar las goteras. Una parte institucionalizada está a punto de migrar a La Corriente; otra ya armó campamento en esta agrupación nacional; José Stuppia anda desesperado buscando aliados para combatir a La Cámpora, pero José Eseverri volverá a probar suerte con el massismo.

El ex intendente quiere colocar a Einar Iguerategui con la mirada puesta en la lista seccional del próximo año, pero deberá competir con Eduardo Rodríguez y con Ricardo “El Ñato” Lissalde, recientemente separado de Ferrocarriles, pero el saladillense tiene más vidas que un gato.

Pero José dijo que no quiere saber nada con la política y dibuja un cierto desinterés con ella y con sus posibles aspiraciones para 2023. Ve un futuro promisorio con sus emprendimientos privados y los prefiere antes que volver a la política. ¿Será cierto?, ¿Es para creerle?. Probablemente todas estas versiones tengan más espuma que la cerveza que fabrica exitosamente.

José no quiere “sonar” porque sabe que en política “el que suena, suena”, y prefiere esta vida tranquila (¿?) de los negocios privados. Aunque mientras tanto sigue cobrando porque la política no abandona a nadie.

En tanto, el contador Sergio Milesi ya se puso en marcha para su operativo retorno a la política con La Corriente, sólo que el camporismo ya incluyó en la lista negra a su jefe, el ministro Agustín Rossi, sólo porque los calificó de “orgas”.

Ezequiel Galli ya adelantó que tiene el equipo armado, pero todavía no lo cotejó con quienes deciden las listas. Es posible que lo obliguen a cambiar algunos puestos y jugadores, y que todo eso termine muy negociado. Pretende una alianza con el radicalismo, pero buscará que sean orgánicos y no una Celeste Arouxet que se ha dedicado a votarle todo en contra como si buscara un reconocimiento histórico de los francotiradores de la política.

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