La política empleadora y los ideales ausentes

Política 23/08/2020 Por Primera Info
POR ROBERTO PEÑAYOS. COMENTARIO POLITICO DE LOS DOMINGOS. La puerta de entrada a la política es la de conseguir un trabajo y no la realización de sueños. Se forma así un ejército de cortesanos parasitarios. Los ideales hoy pertenecen a un mundo tan perdido como la Atlántida. Las pandemias municipales y la provincial. Gallismo y peronismo mueven piezas pero dentro de una partida de ajedrez netamente posicional.
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Los españoles están escandalizados por las andanzas del ex rey, Juan Carlos, su manejo del dinero de la gente y su vida parasitaria, pero no saben lo que está pasando con la política argentina.

Cuando les digo que es la actividad que más gente emplea no lo pueden creer. Les cuento que aquí nadie da puntadas sin hilo y que el mundo de los ideales es un continente tan perdido como la Atlántida.

Recuerdan esa época en la que la gente se involucraba en la política para cambiar el mundo o,  al menos, su entorno social; sienten nostalgia de esos momentos históricos en los que los seres humanos se entregaban de cuerpo entero a la realización de un ideal y lo añoran como un paraíso perdido o ese continente referido por el historiador griego, Heródoto, la Atlántida, nunca nadie había visto pero que todo el mundo intuía que había existido alguna vez.

La política desinteresada, esa que se hacía por llevar a cabo sueños, ya no existe más. Hoy, hasta el más joven reclama algo a cambio para repartir un volante o pintar una pared, y pretende que se lo den adelantado.

Jóvenes menores a los 20 años ponen más menos ahínco en reclamar  por los derechos de la gente que en pedir puestos de trabajo de esos en los que se hace nada y se gana la plata de arriba.

Entran a la política por la puerta de la comodidad y del interés, por lo que no es difícil deducir que en poco tiempo contribuirán a estrechar filas con el ejército de corruptos. Así se empieza, pidiendo algo a cambio para simular que se trabaja y mañana exigirán un retorno.

La gran mayoría de los trabajadores registrados están en la política, y la enorme mayoría de los informales también.

Son los que recorren despachos de legisladores de cualquier nivel y se los ve siempre sin hacer nada.

En síntesis, en poco tiempo más la gran mayoría de los argentinos estará trabajando dentro de la política y sirviéndole a políticos, viviendo de una pequeña porción de actividad privada y de empleados que no gozan ninguno de los derechos y comodidades que sí disfrutan sus mantenidos.

La situación es trágica. Todos los partidos son una máquina de emplear gente, verdaderas bolsas de trabajo para cobrar de lo que aporta el pueblo.

Los saltos

Pero, además, la política nacional es grotesca. En muy pocos años una persona pasa por cinco o seis partidos y sin avergonzarse. Sus enemigos de ayer serán los amigos del mañana, y a la inversa.

Así de simple y con esa liviandad proceden. No cambian de partido por diferencias mínimas sino que saltan de espacio en espacio adaptándose más rápidamente de lo que uno puede imaginar.

Lo hacen siguiendo el poder y no un ideal. Pasan del duhaldismo al kirchnerismo y del anticristinismo al cristinismo con suprema facilidad.

Lo que les importa, lo único, es seguir cobrando jugosas dietas y darle trabajo a toda su familia. Total, Juan Pueblo paga.

Eso  es lo que más duele, el cinismo con el que se mueven. Y, lamentablemente, esa ética está bajando a las nuevas generaciones que encuentran en la política la manera de zafar económicamente y ganar unos pesos con comodidad, sin esfuerzo alguno y sacrificando la propia dignidad.

Peste y armados

Mientras en el Viejo Mundo pululan los rebrotes de Covid-19, en el país ya no saben cómo hacer para detener la pandemia. Exhiben los muertos para meter miedo y preservar el Estado policial.

El gobierno provincial determina las fases de cada municipio, ordena retroceder muchas veces por unos pocos contagios cuando el Conurbano tiene una sobre oferta de virus. El imperativo es ordenar, someter, porque el Gobernador interpreta el ejercicio del poder como una actividad opresiva.

El Municipio viene administrando la cuarentena con tranquilidad y racionalidad, y el Intendente dedica sus ratos libres a la política. No descuida su armado seccional y busca cerrar bien con los radicales.

El peronismo, con el camporismo a la cabeza, ha decidido esperar el curso de los movimientos provinciales y nacionales. La Cámpora es verticalista por naturaleza. Pero hay sectores, aún del massismo a los que les gustaría sumarse  a las filas de Sergio Berni, un hombre que seguramente querrá huir de su problemático Ministerio de Seguridad para llevar a cabo una campaña tranquila desde una banca legislativa con la mirada siempre puesta en la Gobernación.

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