Cómo hacer ingeniería con el sello de FIO, a 20 minutos del Mar Tirreno

Comunidad 21/04/2022 Por Primera Info
Ornella Baffini abraza la Facultad de Ingeniería como su segunda casa, en lo académico y en lo humano. Hoy ejerce su profesión a 11 mil kilómetros de Olavarría, en un pueblito de mil habitantes ubicado en Calabria (Italia). Allí aplica todo lo aprendido sin mayores dificultades mientras incorpora nuevas reglamentaciones y técnicas constructivas. Con su título y más allá de todos los límites.
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“La prioridad va a ser siempre sentirme feliz. Hoy es aquí, mañana nadie puede saber. De poco sirve planear ya que luego la vida te sorprende”, analiza Ornella Baffini, instalada desde hace dos primaveras en el país con forma de bota. Vive en Vazzano, un pueblo de mil habitantes de la región de Calabria, que está a casi 600 kilómetros del suelo donde nacieron (y del que emigraron) sus abuelos maternos. “Soy ingeniera civil, egresada de la FIO, mi segunda casa”, define desde el otro lado del océano, rodeada de planos y obras por hacer.

La decisión de dejar Argentina tuvo que ver con una búsqueda de realización personal pero al mismo tiempo se convirtió en un escape a “la situación económica del país. La capacidad de ahorro era cada vez menor y si bien tenía mi trabajo de jornada completa, no me podía proyectar logrando tener mi casa propia”.

Quedó “fascinada” al conocer Europa en modo turista y “no me quería arrepentir de no haberlo intentado” sobre todo porque “tengo el apoyo incondicional de mi familia”, cuenta la mendocina criada en Tandil que llegó a Olavarría atraída por la oferta académica de la Facultad de Ingeniería. Acá estuvo 12 años.

Pero apareció el Covid-19 y eso frenó, apenas unos meses, lo que parecía un hecho en marzo de 2020. Viajó en octubre de ese año. La segunda ola europea tampoco la desalentó y ahí, a 20 minutos de la montaña y a 20 minutos del Mar Tirreno, optó por diseñar proyectos de viviendas, industrias, comercios y obras de infraestructura en un estudio de arquitectos, ingenieros y constructores.

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Ingeniería fue clave

El idioma fue la primera barrera con la que se cruzó. Las técnicas de construcción y la reglamentación, que “son distintas”, se presentaron como un segundo escollo. Sin embargo, pudo ir surfeando ambos sin mayores sobresaltos.

“El rol de la FIO fue fundamental en cuanto a mi formación a nivel profesional y personal. Siempre sentí siempre el apoyo, la calidez humana y la buena predisposición de parte de todos y cada uno dentro de la facultad”, plantea la joven de 32 años que aprendió en la capital del cemento lo que hoy aplica en esas geografías que miles de años antes pisaron griegos, enotrios, romanos y bizantinos. En un pueblito de mil habitantes, donde todos se conocen.

Antes de marchar, ya se había puesto a prueba en el mundo laboral. “Tuve una experiencia muy valiosa en mi último trabajo, en Desarrolladora Imza (IMPO), empresa en la cual comencé con el convenio de pasantías y luego estuve en planta permanente durante casi 3 años”, expone Ornella que hoy trabaja como ingeniera en el Viejo Continente.

A 1800 kilómetros de Kiev, donde estalló la guerra, cuenta que en su pueblo conviven viviendas nuevas con palacios de hasta cuatro pisos y “se ven las constantes mejoras a nivel de infraestructura y espacios comunes”. “También hay casitas en las afueras en las cuales cada una tiene su quinta donde producen muchos de los alimentos consumidos”, agrega desde esa región que es un 40% de montaña pero también tierra de vides, olivos y cereales. Como Mendoza.

“Como proyección o expectativa, tanto al elegir esta profesión como al ejercerla siempre es la idea de crecer, aumentar mis conocimientos y experiencias, aportar mi granito de arena a la mejora de un espacio o servicio para la comunidad”, aclara Ornella Baffini con el mate siempre dispuesto, en medio de una Calabria diversa, capaz de cobijar fortalezas, castillos, iglesias, cascos históricos y necrópolis.

Lazos que contienen

Extraña, por supuesto. La familia, los amigos, los momentos compartidos. No hay dudas de que todo eso pesa en la balanza. “No descarto para nada la idea de volver pero la prioridad va a ser siempre sentirme feliz”, repite con aire descontracturado.

Abraza a la distancia a sus padres, que están en Tandil. “Cada uno por su lado tiene su familia. Tengo tres hermanos, Ariel de 31 años que vive en Madrid, Francesca de 7 años y Benicio de 5 añitos recién cumplidos”, comenta. El resto de sus lazos afectivos se reparten entre Buenos Aires (paternos) y Mar del Plata (maternos) y todos ellos “son gran parte de mi sostén pero también mi novio Francesco, que es italiano, quién me escucha a diario, me banca, me ayuda y hace hasta lo imposible por mi bienestar. Su familia también es de gran apoyo para mí”.

La vida en Italia, al menos en el lugar que donde reside, es muy tranquila. “Hay seguridad y me brinda una calidad de vida de la cual no tengo nada para quejarme. Aquí todos se conocen entre sí, la gente es agradable. Son curiosos de saber por qué vivo acá, de dónde vengo, y se alegran de la llegada de gente nueva”, describe con calidez la ingeniera que supo enfrentar mucho más que una pandemia.

Ejercer sin complicaciones

Sentía como un mandato retomar el camino familiar, pero a la inversa. Un siglo antes “mis abuelos maternos, que nacieron en Italia, llegaron a la Argentina en barco siendo niños, cada uno con su familia. Y de hecho, tramitar nuestra ciudadanía italiana fue lo primero que hicimos junto a mi hermano al llegar a Italia”, admite la joven, validando su decisión.

Otro apuro fue gestionar la conversión de su titulación aunque “lamentablemente hay muchísima demanda de homologación de títulos en Argentina, lo que hace que esta etapa del proceso demore el objetivo”, explica la profesional, agobiada por los muchos pasos burocráticos que se exigen y van erosionado su paciencia.

“Aun así, no he tenido complicaciones a la hora de comprender conceptos o metodologías, a pesar de las diferencias constructivas. Considero que la formación que recibí en la FIO está perfectamente a la altura” de las demandas del mercado italiano, destaca Ornella Baffini, con sentido de pertenencia.

Trabaja codo a codo con sus pares europeos y, como sucede en Argentina, “nuestra profesión está mayormente desempeñada por los hombres pero aun así la mujer es respetada. Nunca sentí un trato de inferioridad, al menos en mi corta experiencia trabajando aquí”, asegura poniendo en valor la oportunidad que tiene frente a sus ojos.

¿Un sueño? “Poder tener la capacidad y oportunidad de ayudar, ya sea a mi familia, o a quien lo necesite”, apunta sobre el final Ornella mientras se autodefine como una persona con coraje, positiva, ambiciosa, con sueños grandes y valores sinceros. “Intento dar lo mejor de mí, sea lo que sea que emprenda”, dice esta joven ingeniera que logró abrirse paso más allá de Ezeiza, con el sello de la FIO grabado en su memoria emotiva y profesional.

Fuente: https://www.fio.unicen.edu.ar/

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