Las vacunas, esa utopía nacional, y los negocios sospechosos con la salud

Política 20/12/2020 Por Primera Info
COMENTARIO POLÍTICO DE LOS DOMINGOS. POR ROBERTO PEÑAYOS. El gobierno nacional amagó con la vacuna Pfizer e indujo a inversiones millonarias, por ejemplo, la cámara de frío local. Pero un viraje del Presidente, o no se sabe de quién porque tampoco se sabe quién gobierna, cambió todo y revela el presunto negociado con el ex KGB ruso. No hay caso, la argentinidad parece ser una condena eterna.
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Mis amigos madrileños están muy enojados con la pandemia, con el gobierno, con los chinos y contra todo lo que les impide salir a comer y beber en los bares de la ciudad. Es sabido que los españoles capitalinos viven en esos lugares públicos, almuerzan y cenan allí y solo usan sus departamentos para dormir. Y con eso se evitan los trastornos de cualquier convivencia.

Es posible que los españoles hayan sido colonialistas porque encontraron en ello una excusa para huir de la convivencia. Entonces, salían a guerrear y a ocupar otros lugares para no tener que volver a sus moradas.
Ahora, el gobierno y la pandemia los condenan a una cuarentena que puede ser fatal. Y como ya no saben contra qué tomárselas, se han puesto a observar el proceso de compra de vacunas en la Argentina.

“¿Pero, qué les pasa que no consiguen lo que cualquier país encuentra hasta en los quiosquillos? ¿es que están pidiendo coimas, sobreprecios para quedarse con algún vuelto...?”, me preguntan, como ya sabiendo la respuesta. “No hay caso, no escarmientan ustedes”, me apostrofan.

En verdad, y más allá de que son mis amigos de siempre, igual me duelen sus sospechas, pero tampoco el gobierno ayuda para aventarlas. Por el contrario, cada movimiento que hace, cada argumento o excusa de Ginés González García o el propio Presidente colabora con la desconfianza que crece cada vez más, afuera y dentro del país. Lo terrible es que se está jugando a los dados con la vida de los argentinos.

Se dice que detrás del negocio de la vacuna rusa existe un laboratorio que tiene entre sus accionistas a ex directivos del rosarino Laboratorio Apolo, de los cuales tres de ellos fueron imputados por la Justicia local tras la explosión de la caldera que en 2016 produjo cinco heridos en la sede de Alem al 2900, aunque el año pasado lograron un acuerdo para suspender el juicio. ¿Raro, no?

La vacuna del laboratorio de Pfizer, según me informan desde España, cuesta 4 dólares, mientras que la rusa vale 19, es decir cinco veces más. El laboratorio aportante de la campaña del oficialismo habría viajado a Rusia junto con los funcionaros oficiales para ser parte de las tratativas. ¿Qué negocio hay detrás?, me preguntan mis casi hermanos madrileños, pero yo no tengo respuesta para semejante interrogante.

Acá se dice que se está ideologizando la vacuna, y que eso es un problema, pero a mi me parece que el más grande de los problemas es el económico por los dólares de argentinos que migrarían a bolsillos de políticos del oficialismo. Mirando en un bar olavarriense el acto por la unidad en el Estadio Único de La Plata, Cristina Kirchner advertía “nosotros no robamos”, y tanto énfasis suscitaba sensaciones contrarias. “No aclare que oscurece”, decía Yupanqui.

Todo al p...
Allí, en este bar céntrico de la ciudad, hablaba con un amigo de la infancia y nos preguntábamos por la cámara refrigerante instalada por el municipio. Porque, ¿para qué se la va a precisar si para la Sputnik V bastaría con una conservadorita de playa? Gasto en vano, que le dicen y “¡todo por creer en esta gente!”, se lamentó un funcionario municipal. “Antes que la vacuna para la gente, piensan en el negocio”, completó.

Leyendo el diario local, se puede ver la arremetida de Alberto Lestelle contra César Valicenti y su agrupación. El peronismo va buscando y a veces encontrando otras vertientes y sus zonas de confort.

Mientras, Cristina le “sugiere” públicamente al Presidente el modelo -suyo- a seguir: aumento de la
demanda a través de planes sociales, no de trabajo genuino, tarifas subsidiadas y todo lo que caracterizó su gestión. La Vice cree que esa es la fórmula para ganar en octubre y allanarle el camino a su hijo Máximo para 2023.

Lo malo es que no es una táctica para salir del paso sino que es el modelo de país que le gusta al cristinismo: un país sin producción, sin trabajo que garantice la independencia política del ciudadano, sino una patria planera, con un ingreso universal y mínimo para subsistir, y una sociedad sumisa y dependiente del poder político, con una relación clientelar con el partido gobernante. Y miedo, mucho miedo a la represalia por no pensar igual.

Cristina cree que la alternativa al neoliberalismo es su modelo entre facho y soviético en donde la libertad y las garantías políticas sean cosas tan extrañas como la piedad en una banda narco.

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