No me banco una: ¿por qué molesta tanto San Martín en unicornio?

Género 10/01/2021 Por Primera Info
Columna de opinión por Mercedes Fariña. Durante la histórica primera Marcha del Orgullo en Azul el caballo de San Martín lució un cuerno en su frente y el prócer flameó la bandera del orgullo. Los vecinos se quejaron demostrando una vez más "indignación selectiva".
San Martín unicornio
San Martín unicornio

El pasado sábado se realizó la primera Marcha del Orgullo en la ciudad de Azul, un hecho histórico donde desfilaron y marcharon más de 300 personas con tres reclamos puntuales: "basta de odio LGTTTBIQNBP+", "reconocimiento de nuestros placeres, deseos y experiencias de vida" y "Cupo Laboral Trans”.

Como ya es costumbre ver en estas manifestaciones, la jornada estuvo llena de color, banderas, glitter y la expresión de las identidades como debiera ser desde siempre: libre y sin tapujos. 

Entre las banderas y accesorios que colorearon el día, uno de los más llamativos fue el atavío de la estatua del General San Martín y de su caballo. La bandera que flameó el prócer este sábado fue la del Orgullo, con los colores del arco iris y su fiel corcel lució en la frente un cuerno, que lo convirtió en unicornio por un rato.

Llegada la noche no tardaron en llegar los comentarios de los vecinos de la ciudad en cuanta publicación sobre esta Marcha se encontraron. Que es una falta de respeto, que cómo le hacen eso a la estatua de San Martín, que esa no es la manera de reclamar. 

IMG-20210110-WA0017Esto inmediatamente me hizo un poco de ruido. ¿Cuántas veces ha vestido don José la casaca o ha sido envuelto en la bandera de Boca, de River, de San Lorenzo o del club sea luego de una victoria de la Copa de turno?

"¿Te das cuenta, Benjamín?" explicaba el personaje de Francella en El secreto de sus ojos, "el tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión".

Si, entiendo que el fútbol es parte de la identidad de este país, que el festejo en el Obelisco, en la estatua del prócer que se cruce en el camino es menester para las y los hinchas, que no hay monumento que valga a la hora de demostrar la pasión. 

Bueno, ahora imagínese querido lector, que usted, yo, el otro, el otre, no puede cambiar su identidad ni tampoco las partes que la componen. Por citar un ejemplo simple e ilustrativo desde un lugar de privilegio, a mi me encantaría que me guste el vino y poder degustarlo con un plato de pastas, pero no hay caso. 

Trasladémoslo al ámbito de la identidad de género y la orientación sexual. Si quien me lee es heterosexual le invito a preguntarse si en algún momento de su vida decidió que le iban a gustar las mujeres o los hombres. La respuesta, pongo las manos en el fuego, será no. No fue una decisión, simplemente pasó, es parte de quien usted es y seguramente no le dedica mayor atención a ese pensamiento.

Ahora, sigamos con el juego un casillero más: imagínese que por gustarle lo que a usted le gusta y no poder cambiarlo recibe insultos, odio, discriminación, no puede acceder a un empleo, una casa, a la salud. Imagínese señor, que por sentirse señor y vestirse de manera acorde a lo estipulado como masculino, puede morir a manos de una persona odiante. 

Si usted logró armar esta imagen mental, es probable que uno de los sentimientos que esa realidad paralela le despierte sea bronca, o dolor o tal vez impotencia. Angustia por no poder ser quien usted es y que toda una sociedad se haya puesto de acuerdo para no permitirle existir como a usted se le canta, porque así lo siente y así quiere mostrarse.

Así es como llegamos al unicornio de San Martín. El padre de la patria, el prócer que llevó la libertad como bandera y liberó a Argentina, Chile y Perú este sábado flameó el estandarte del arco iris. Si hoy viviera, ¿de qué lado estaría don José? ¿Del lado que manifiesta el orgullo como respuesta política al odio o del lado de quienes se indignan más por un unicornio que por los reclamos que se vociferaban en la plaza?

Si vamos a rasgarnos las vestiduras por José de San Martín, apliquemos sus preceptos y dejemos ser al otro, a la otra y al otre, entendamos los reclamos por los derechos vulnerados y, sobre todo, empaticemos. Y "seamos libres, que lo demás no importa nada".

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